Arde Vaca Muerta

A la distancia, desde esta Buenos Aires adonde se cocinan a fuego lento los jugos de la política, Vaca Muerta es un lugar remoto. Un desierto lejano en el que pasa algo que puede resultar trascendente. Anida allí la promesa de que un día habrá una Argentina distinta.

La formación Vaca Muerta se encuentra en la cuenca neuquina y tiene una extensión de 30.000 kilómetros cuadrados. De ellos, 12.000 kilómetros cuadrados son operados por YPF, la petrolera con mayoría accionaria estatal. Para darse una idea de las dimensiones del lugar, vale decir que tiene el tamaño de Bélgica. La Capital Federal, por ejemplo, cuenta con 203 kilómetros cuadrados.

Pasan cosas en ese lugar distante y desconocido para buena parte de los argentinos. En el yacimiento de esquisto operan, además de YPF, 30 compañías de relieve internacional como Chevron, Shell, Tecpetrol, Petrobras, Pan American Energy y Total Gas, entre otras.

Todas han colaborado para que ocurra lo que se vive por estos días: una explosión de la producción de gas y petróleo no convencional. El gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez, confirmó que en su provincia “la producción acumulada promedio de un pozo en los primeros 12 meses pasó de 20.000 a 120.000 barriles”, obteniendo cifras aún superiores a los de algunas compañías de Estados Unidos, pionero en la materia.

Para que esto se haya vuelto realidad hizo falta mucha inversión. YPF proyectó para este año hundir capital por u$s 2.000 millones con el objetivo de continuar a buen ritmo con los trabajos de exploración y explotación. Esto la ha transformado en la sexta petrolera a nivel mundial en los quehaceres del fracking, por detrás de Estados Unidos y Canadá, donde operan alrededor de 50 firmas en cada uno esos países.
Son muchos los especialistas que confían en que allí esté la solución para el recurrente estrangulamiento de divisas que experimenta la economía argentina cada vez que enfrenta un ciclo de expansión y crecimiento, que termina siempre por desembocar en una crisis por falta de financiamiento.

La exploración y explotación de los recursos no convencionales en esta cuenca se ha transformado en una verdadera política de estado. Una de las pocas de la que podamos jactarnos los argentinos. La evolución ha sido notable. Hoy, en ese inmenso desierto, se desarrolla una actividad industrial que derrama no sólo a través de su cadena de valor, sino también en los servicios que la complementan. Empresas de limpieza, catering, seguridad, asistencia sanitaria, transporte, todas se han integrado en un ciclo virtuoso.

La actividad, claro está, tiene sus avatares. La decisión del Gobierno de llevar a 0 el arancel para la adquisición de maquinaria nueva o usada destinada a las tareas de fracking desató la furia de algunas pymes que temen verse desplazadas del negocio, con las consecuencias que esto conllevaría.

Por lo pronto, el presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA), Daniel Rosato, advirtió acerca del impacto negativo que la medida tendrá sobre más de 500 fábricas proveedoras de la actividad hidrocarburífera, poniendo en peligro 10.000 puestos de trabajo.

“Los beneficios de la nueva disposición se aplican a la fabricación de bienes de capital y de equipos nuevos y usados, lo que significa arancel cero. Y eso es terrible porque se hace en forma desmedida sin contemplar el impacto en el sector Pyme industrial argentino”, enfatizó.

La pregunta es si la maquinaria destinada al fracking, compleja y de alta tecnología, se fabrica en la Argentina. Si la escalada productiva del gas y el crudo no obligan necesariamente a importar equipo para dinamizar la explotación de estos recursos.

“Mucho de lo que se utiliza en la exploración y extracción no se hace acá. Las máquinas no se hacen, ninguna, es decir los bienes de capital. Accesorios sí, esa es una industria que está bastante desarrollada en el país y se trata de pymes que están integradas a las grandes. Pero el negocio está muy concentrado. Las que exploran son tres empresas mundiales, de escala global, que migran equipos desde Arabia u otros países petroleros de esa región. Hay apenas 300 equipos que se dedican a explorar en todo el mundo”, cuenta un economista curtido en la materia, hoy engarzado en la estructura de la Secretaría de Energía de la Nación.

La fuente, que prefiere mantener un estricto off the record, explica que “localmente se hacen muchos accesorios y también equipos de mantenimiento para seguir extrayendo hidrocarburos, rubros que son muy empleo intensivos”.

Desde que se explora, se extrae y refina el producto, el 70% del empleo corresponde al sector servicios. Se estima que en la actualidad hay un universo de 37.000 almas empleadas en la actividad, de manera directa e indirecta.”Las pymes industriales tienen bronca porque son las que mayoritariamente proveen bombas, válvulas, instrumentales de medición, las bombitas que traccionan el petróleo y también las bombas de presión del gas. Todas esas se hacen acá”, relata el experto.

Lo cierto es que la historia de los aranceles sobre la importación de maquinaria para el fracking es una sucesión de subas y bajas, idas y vueltas, marchas y contramarchas. El Gobierno lo tenía en 0,5%, pero luego subió el porcentaje a 2,5, al mismo nivel que para el resto de los bienes importados, tras lo cual directamente lo eliminó. “Con lo cual la incidencia es relativa –explica el economista-. En general las empresas pyme se quejan porque se dio un proceso de concentración muy fuerte”.

La de los subsidios y la demanda que Tecpetrol, la compañía del Grupo Techint, terminó realizando contra el Estado es otra de las historias que se cuentan en Vaca Muerta. “La norma 46 estaba diseñada con algunos limites, con lo cual le generabas un incentivo a las empresas. Tecpetrol tenía pozos convencionales e inversiones para shale. De pronto les convenía poner todo en lo no convencional, y mermaron en la otra actividad. La plata les rendía más allí. Pero había una meta presupuestaria del Estado que se superó, y en términos de cubrir la brecha de importaciones, no mejoraba la situación. En medio de la crisis el FMI mandó a cortar subsidios, y pasó lo que pasó”.

Tecpetrol reclama lo que es una relectura que el Gobierno hizo de la normativa. La resolución 46 dictaba que el esquema de subsidios alcanzaba a toda la extracción de gas incluido en el programa. Sin embargo, en febrero pasado el Ejecutivo, crisis mediante, decidió que sólo se subsidiará el monto declarado inicialmente a la hora de presentar el proyecto. En ese entonces, Tecpetrol estimó una producción de 8,5 millones de metros cúbicos de gas por día, y actualmente produce 17,5 millones de m3/día. Menuda diferencia.

La seguridad es otro aspecto que preocupa en Vaca Muerta. En los últimos 15 meses se produjo la muerte de 8 operarios de diversas compañías. Algunos adjudican los accidentes a la flexibilización del convenio laboral, que fue firmado por el sindicato, y reclaman que los operarios permanezcan menos días trabajando en los campos. Tan aguda es la situación que esta semana hubo una importante reunión con representantes de las empresas, funcionarios, sindicalistas y aseguradoras de riesgo del trabajo para garantizar mejoras en la materia.

Las últimas dos víctimas eran trabajadores de Tecpetrol, tenían 34 y 24 años, respectivamente, y murieron ahogados en una pileta de decantación cuando cayeron mientras hacían un recorrido. El personal llega a las empresas de la mano de los contratistas, encargados de reclutarlos para las tareas del fracking que cada vez demandan más gente.

Consultado por los medios, Pablo Bizzotto, vicepresidente Ejecutivo de Upstream de YPF, dijo que los accidentes se repetían en todas las compañías y que había una razón clave: tanto creció la actividad, que se incorporaron a la planta de personal obreros inexpertos, sin el suficiente entrenamiento, provenientes de otros rubros, de otras partes del país.

El sueño de una Argentina rebosante en dólares provenientes de la exportación de hidrocarburos, algo así como una Arabia Saudita sudamericana, se topa con un escollo: la falta de infraestructura. Los gasoductos son limitados y no hay ferrocarril para transportar el producto. Por lo pronto, lo más práctico es venderle a Chile, por cercanía y porque ya está armada la ingeniería para hacerlo.

Las dificultades internas en materia de obras y la ecuación de los precios internacionales ha llevado a una paradoja: hoy en día conviene más exportar el gas vía Chile que trasladarlo hasta Bahía Blanca para que sea procesado y se utilice en el plano doméstico. Por ese motivo es que en breve retornará al puerto bahiense el vilipendiado barco regasificador, el mismo que el presidente Macri despidió en octubre, condenando la política energética del kirchnerismo. Cosas que pasan en este país de realismo mágico.

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